EL GENIO OLVIDADO Y LA CARRERA ESPACIAL(HILO)



El Graf Zeppelin sobrevolando la Gran Vía es una imagen que se graba en la retina. En su vuelo inaugural este dirigible fue pilotado por alguien que llegó muy alto y que contribuyó a que otros llegaran aun más alto. ¿Queréis conocer la historia de este genio olvidado?




En los años 30 parecía que los zeppelines iban a ser el medio de transporte del futuro. Este tipo de dirigibles debían su nombre al inventor Ferdinand Von Zeppelin, que en 1900 había conseguido sobrevolar el lago Constanza. Todo se truncó con el accidente del Hindenburg en 1937.




Pero antes del fin de esa era hubo alguien que quiso utilizar los modelos de los dirigibles que había diseñado Leonardo Torres Quevedo para intentar establecer una red regular de transporte aéreo trasatlántico entre Sevilla y Buenos Aires. Su nombre era Emilio Herrera Linares.




En octubre de 1928, durante el vuelo inaugural entre Friedrichshafen y New York del Graf Zeppelin LZ 127, el granadino Emilio Herrera fue segundo de a bordo y tuvo el privilegio de pilotarlo mientras el dirigible sobrevolaba España por primera vez.




Sus primeras incursiones aéreas las hizo en globo. Descubrió su afición por la aeronáutica cuando su padre organizó en Granada la primera exhibición aerostática. Participó en una competición en la que recorrió la distancia que separa París de Moravia y quedó en segunda posición.




Más tarde, tomaría contacto con los dirigibles gracias a Leonardo Torres Quevedo que ya había diseñado el dirigible Astra-Torres, el cual llegó a sobrevolar Madrid. Luego Torres Quevedo idearía junto a él un dirigible trasatlántico, el Hispania, que nunca llegó a materializarse.




El 14/02/1914 los capitanes de ingenieros Herrera y Ortiz cruzaron el estrecho de Gibraltar en su aeroplano, que partió desde Larache, al norte de Marruecos, y aterrizó en Sevilla, en el aeródromo de Tablada. Por ello Herrera sería nombrado gentilhombre del rey Alfonso XIII.




Cuando quiso poner en práctica su sueño, que era establecer una red de vuelos regulares entre Europa y América, existía un proyecto serio que ya estaba avanzado, pero la falta de financiación española hizo que una empresa alemana fuera la que finalmente consiguió llevarlo a cabo.




Herrera también colaboró con Juan de la Cierva en el desarrollo del autogiro (una aeronave que tenía las alas fijadas a un rotor, una mezcla entre avión y helicóptero) que fue la más famosa de sus creaciones. En la foto podemos observar el autogiro sobrevolando Madrid en 1931.




En 1921 participa en la construcción y el diseño del Laboratorio Aerodinámico de Cuatro Vientos, cuya joya era un túnel de viento para el desarrollo de aeronaves diseñado por él mismo, y fue el principal impulsor de la Escuela Superior de Aerotecnia, inaugurada en 1930.




Herrera fue defensor de los postulados de Einstein y era un gran admirador suyo (cuentan que más tarde aquella admiración sería mutua), así que cuando este llegó a Madrid en 1932 el granadino estuvo encantado de ejercer de anfitrión del alemán en su periplo español.





La visita de Einstein a Madrid estuvo plagada de anécdotas. Entre charlas en el Ateneo y condecoraciones en la Universidad Central de la Calle San Bernardo, pese a lo que se cree, no tuvo tiempo de ir a Cuatro Vientos a ver el túnel de Herrera. Así lo prueba un documento en el que se disculpaba con Herrera por no haber podido ir, ya que había estado en Toledo aquel día.





Existe una anécdota curiosa con una castañera madrileña que cuando vio pasar al Premio Nobel pensó que le había reconocido y gritó al verle: ¡Viva el inventor del automóvil! Probablemente no fue la única a la que confundió el peculiar aspecto físico del físico alemán.




La escafandra incorporaba un mecanismo que suministraba oxígeno en todo momento, tenía varias capas y permitía cierta movilidad. "Este será el atuendo de los navegantes que en los futuros paseos por la estratosfera podremos admirar brillantes y deslumbradores", diría en 1935.