EL LADO OSCURO DE LA REAL CASA DE CORREOS (HILO)



Cada año solemos ver al menos una vez este reloj, aunque del otro lado. Precisamente de eso, del otro lado del reloj y del edificio queremos hablar. Vamos a contaros sus leyendas mientras os mostramos su lado oculto y sus secretos con fotos de Santos Yubero del ARCM.



Este edificio maldito es obra del arquitecto francés Jaques Marquet (o Jaime, para algunos), pero estuvo a punto de no serlo, ya que Ventura Rodríguez, que era el arquitecto de moda, ya tenía otro proyecto ideado. Finalmente, fue Marquet el encargado de darle forma a su apuesta.



Ese cambio de última hora, por lo que se ve, no sentó del todo bien. Cuentan que durante la construcción de la Real Casa de Correos los trabajadores experimentaron extraños sucesos. Un día llegaron a escuchar nítidamente una voz espectral. Los obreros se alejaron temerosos.



De nuevo resonó un vozarrón de ultratumba anunciándoles que tenían que detener las obras porque el edificio pertenecía al Infierno. La voz, antes de desaparecer, apostilló que también el arquitecto al que le habían encomendado esta tarea estaba endemoniado.



Aquello inquietó todavía más a los obreros que, atemorizados, se negaron a trabajar allí. Es entonces cuando entra en juego la Inquisición. que hizo venir a un exorcista, el padre López, para que ahuyentara a las supuestas entidades que habitaban en el lugar.



Una vez purificado el lugar, los trabajadores accedieron a continuar con las obras. Aunque no volvieron a escuchar aquella voz tenebrosa, vivieron con miedo de volver a hacerlo. Finalmente, cuando concluyeron las obras parecía que el edificio se había librado de la maldición...



Aunque puede que el Diablo todavía pasara alguna temporada en la que había sido su residencia oficial, porque a comienzos del siglo XIX, en plena Guerra de la Independencia, dicen que allí tuvo lugar una curiosa transformación. Es la leyenda del dragón que se convirtió en ratón.



El reloj que hoy en día da las campanadas no fue siempre este. Antes hubo otro, con merecida fama de impuntual, que tenía tres esferas que nunca lograban ponerse de acuerdo para sincronizarse. Es por eso que los madrileños de la época le sacaron una coplilla que decía así:




Este reló fatal

que hay en la Puerta del Sol,

dijo un turco a un español,

¿por qué anda siempre tan mal?

El turco, con desparpajo,

contestó cual perro viejo:

este reló es el espejo

del Gobierno que hay debajo.



En 1866 se inauguró el nuevo reloj que había diseñado un relojero afincado en Londres, el fundador de la casa Losada. Este nuevo reloj sí funcionaría correctamente y el mecanismo es, de hecho, el mismo que hoy en día da las campanadas de Nochevieja.



Antes hemos hablado de una curiosa transformación, pero cabe aclarar que el dragón de la leyenda no era un ser mitológico, ni escupía fuego. Era uno de los los Dragones de la Guardia Imperial, soldados a las órdenes de Napoleón.



Un grupo de estos dragones, encabezados por un capitán, tuvieron que huir y refugiarse en la Real Casa de Correos ya que estaban siendo perseguidos. Allí se parapetaron y resistieron hasta que, sin víveres ni recursos, decidieron entregarse.



Parecía que ya habían salido todos, cuando a alguien se le ocurrió preguntar por el capitán. Al no estar fuera, dedujeron que estaría dentro. Pero dentro no había nadie. Parecía que aquel soldado se había volatilizado.



Es entonces cuando suben a la torre del reloj para ver si se ha refugiado allí. Lo único que encuentran es un ratoncillo. Al verlo, sus captores pensaron que aquel era el capitán de los dragones que había sido transformado en ratón por el Diablo para que pudiera huir de ellos.



Puede que en esa ocasión, el mejor truco del Diablo fuera hacerles creer que la transmutación había existido mientras ayudaba a aquel capitán de los Dragones a escapar por una ventana trasera. En cualquier caso, nos imaginamos que el pobre ratón no tendría un final muy halagüeño.





Y en cuanto al Dragón, no sabemos qué pasó con él. Lo que sí sabemos es que algunos años después, durante un tiempo, el escudo de Madrid lució un dragón. Pero esa ya es otra historia...



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