LA MAYOR HISTORIA DE ESPÍAS JAMÁS CONTADA (HILO)



El 06/06/1944 se produce un suceso que cambiaría el rumbo de la historia: el desembarco de Normandía. Para poder llevar a cabo el desembarco tuvo que desarrollarse una de las operaciones de espionaje más increíbles de todos los tiempos. Esa historia comienza en Madrid.


Durante la II Guerra Mundial Madrid era un nido de espías. La neutralidad oficial del régimen franquista ocultaba una evidente imparcialidad oficiosa. En esa época se organizaron en Madrid numerosos eventos de corte germanófilo en los que llegaron a participar gerifaltes nazis.



Según cuenta Peter Besas en su libro Nazis en Madrid, Madrid era "una pequeña Berlín". Lugares como el Colegio Alemán, el Retiro o el Círculo de Bellas Artes acogieron estos eventos. Restaurantes como el Horcher también eran lugares frecuentados por los alemanes. El Horcher de Berlín, fundado en 1904, era el restaurante preferido de Hermann Göring y de otros líderes nazis. Su dueño, Otto Horcher, se animó a montar su sucursal madrileña en la calle Alfonso XII, junto al Retiro, allá por el año 1943. Hoy todavía sigue funcionando.



Los oficiales de la Gestapo también solían ir al desaparecido salón de té Embassy, aunque también era punto de encuentro de los informadores aliados. Su propietaria, Margaret Kearney Taylor, consiguió organizar desde allí una red que facilitó a muchos judíos la huida a Gibraltar.



Cerca del Horcher estaba el café Lion, un epicentro del misterio, famoso por sus tertulias ufológicas de los años 60. En ese café se había citado en enero de 1941 un hombre que decía apellidarse López con un agente alemán llamado Federico. Allí estaba él, sentado en una mesa.



El señor López había contactado con la embajada alemana en Madrid ofreciéndose como espía, ya que se declaraba franquista y decía ser un furibundo germanófilo. Tras una breve entrevista Federico (cuyo verdadero nombre era Gustav Knittel) le dice que le contestará en dos días.



Siguiendo con lo acordado recibió la respuesta. Federico le citó en la cercana cervecería de Correos. Le dijo que lo que realmente interesaba a la Abwehr (el servicio alemán de espionaje y de contraespionaje militar) era un agente en Londres. El español dijo que él era su hombre. Dijo que tenía contactos diplomáticos y que su padre al morir había dejado ciertos fondos y acciones en Gran Bretaña, pero que era necesario que viajara a Portugal para hacerse con los documentos probatorios. El señor López parte hacia Lisboa y promete conseguir el visado.



En la primavera de 1941 el señor López vuelve a Madrid y se cita con Federico en el café Negresco. Le enseña un visado falso y le convence para le convierta en un agente de la Abwehr. Durante las próximas semanas se citan en diferentes lugares. Ha comenzado su instrucción...



Finalmente, una vez instruido en el arte de la escritura secreta y tras recibir una formación breve pero intensa, le hacen entrega de un frasco de tinta invisible, una clave para cifrar mensajes y 3.000$. López, cuyo nombre en clave será Alaric Arabel, será su agente en Londres.



Pero volvamos atrás en el tiempo. Apenas unos meses antes, a comienzos de 1941, un hombre llamado Juan Pujol que residía en Madrid y que trabajaba en un hotel situado en la c/ Velázquez (nada glamuroso a pesar de su pomposo nombre: Majestic) decide acudir a la embajada británica.



Pujol, que había luchado en la Guerra Civil primero con la república y luego había desertado para acabar combatiendo con los sublevados, se ofrece a los británicos como espía. Los ingleses rehúsan sin muchos rodeos su ofrecimiento porque no pensaban que pudiera serles útil.



Pujol, frustrado por su trabajo en el hotel y buscando un futuro mejor, abandona Madrid con su esposa Araceli. La pareja se instala en Lisboa. Vivirán varios meses allí. No perdamos la pista de este curioso personaje porque jugará un papel determinante en esta historia.



Por otro lado, el agente Alaric Arabel, ya instalado en Londres, no sólo está enviando regularmente informes, sino que ha conseguido reclutar un agente para la causa. El "agente 1" será un piloto holandés que transportará sus cartas hasta Lisboa y desde allí se enviarán a Madrid.



La Abwehr está contenta con los informes. Los que empiezan a estar escamados son los agentes de los servicios de inteligencia británicos MI5 y MI6. Por los documentos interceptados, se diría que hay un agente alemán infiltrado en Londres, pero los informes son un tanto confusos. Parece que el agente infiltrado al que llaman Alaric podría estar en suelo británico pero no tiene acceso a fuentes fidedignas, ya que los informes están plagados de los errores más elementales. Aun así deciden vigilar la correspondencia mantenida entre él y los alemanes.



Alaric recluta a otros agentes para extender su red de espías: William Gerbers (agente nº 2) en Liverpool; Benedict, alias “Carlos” (agente nº 3) en Glasgow; el soldado gibraltareño Chamillus (agente nº 4) al sur de Londres… Más adelante su extensa red contaría con 27 agentes.



Los informes que se envían regularmente a Madrid siguen siendo extraños. Los británicos piensan que tal vez su objetivo sólo sea crear confusión. En cualquier caso, los servicios de inteligencia británicos sospechan y continúan recabando información sobre Alaric y los suyos.



Volvamos a Portugal. Allí habíamos dejado a Juan Pujol que de nuevo en el país luso volvería a intentar ofrecerse como espía. En esa ocasión ni siquiera conseguiría una entrevista. Finalmente, decide acudir a la Embajada estadounidense en Lisboa. Le recibe el teniente Demorest.



Y aquí viene el plot twist… Pujol dice ser el agente Alaric Arabel, que jamás ha abandonado Portugal, que nunca había pisado suelo británico y que estaba escribiendo desde Cascais todos sus informes basándose en una guía de viajes, horarios de trenes y un mapa del Reino Unido.



Pero no sólo eso, además estaba escribiendo todos los informes de su red de espías ficticios porque cada uno de los agentes que había reclutado era fruto de su desbordante imaginación. Ante ese inverosímil testimonio el teniente Demorest, receloso, le solicitó alguna prueba.



Juan Pujol dio cuenta de varios informes enviados y presentó copias que confirmaban que, efectivamente, aquel hombre era el agente Alaric Arabel. Demorest medió para que por fin consiguiera ser escuchado por los británicos. Por primera vez viajó a Londres donde fue interrogado.



Los ingleses no comprenden cómo una sola persona ha podido urdir esa compleja trama y cómo ha conseguido convencer a los alemanes de que tenían toda una red de espías en suelo británico. Él y todos sus colaboradores imaginarios son reclutados por el MI5 y se instala en Londres.



Sus dotes interpretativas hacen que los británicos le llamen el agente Garbo. A partir de entonces Pujol sería un agente doble. Thomas Harris supervisaría las acciones del agente Garbo en Londres y el alemán Karl-Erich Kühlenthal haría lo propio con el agente Alaric en Madrid.