LA ODISEA DEL PRADO (HILO)



El cuadro de las Meninas pudo desaparecer en el incendio del Alcázar de Madrid en la nochebuena de 1734, pero esa no ha sido la única vez que el famoso lienzo ha estado en peligro. Durante la Guerra Civil tuvo que emprender unos de los viajes más asombrosos de la historia.



Considerada como la mayor evacuación de arte de todos los tiempos, en ese viaje casi 2000 obras partieron de Madrid. No solo del Prado, sino también otras del Museo de Arte Moderno, del Monasterio de El Escorial, del Palacio Real o de la Academia de Bellas Artes de San Fernando.




A finales de agosto de 1936, transcurrido un mes desde el inicio de la guerra, el Museo del Prado cierra sus puertas y Pablo Picasso es nombrado director. El pintor acepta el cargo, pero se queda en Francia. El nombramiento fue un gesto más propagandístico que funcional.



Con el cierre del museo, se empiezan a almacenar 250 obras que se encontraban en una lista que aconsejaba ponerlas a buen recaudo al primer signo de alarma. Se alojan en los sótanos y en la rotonda baja del museo, considerados los lugares más seguros, y se protege el edificio.



Las salas de la mayor pinacoteca del mundo, que alojaban obras de los artistas más renombrados, empezaron a quedarse desnudas, como muestra esta foto de la sala VIII, cuyas paredes estaban decoradas hasta el comienzo de la guerra con pinturas de Veronés, Tiziano y Bassano.



El 10 de noviembre, tras conseguir frenar el avance de los sublevados después de varios combates encarnizados a las puertas de Madrid, sale el primer convoy hacia Valencia. Transporta obras de Goya, Tiziano, El Greco, Tintoretto y Velázquez. La ciudad de Madrid está sitiada.



La escritora María Teresa León es designada responsable de la evacuación de las obras del Prado. Se presenta allí con su pareja, Rafael Alberti, y dan cuenta de la penosa situación en la que se hallaba el museo. Se responsabiliza personalmente de la entrega de los cuadros.



El Gobierno se había trasladado a Valencia y quería que el tesoro del Prado se llevara allí también. Muchos pensaban que era preferible que no saliera de Madrid. El edificio sufriría el impacto de 9 bombas incendiarias poco después, hecho que evidenció la necesidad del traslado.



Por fin sale un convoy con Las meninas. Teresa León recibe puntualmente la confirmación del itinerario del envío a su llegada a cada población importante. Sufre un pequeño percance en Arganda, pero llega a su destino sin más problemas. La Junta supervisaría las próximas entregas.



Por motivos de seguridad, los camiones circulaban a 15km/h, lo que hacía que tardaran un día entero en llegar a su destino. Por el camino tenían que transitar por carreteras bombardeadas, tenían que pasar controles y todo eso siendo conscientes del valor de la carga que portaban.



A su llegada a Valencia, las obras eran almacenadas en dos lugares: en la iglesia del Patriarca y en la Torre de Serranos. Esta fue acondicionada para que pudiera alojar de una forma segura en caso de sufrir un ataque las obras más valiosas del Prado, entre ellas Las meninas.



Mientras, en Madrid, lugares como el Museo Arqueológico o la basílica de San Francisco el Grande también acogieron obras de arte y objetos valiosos: libros, antigüedades, armaduras y hasta multitud de carrozas, como se aprecia en esta foto de la nave central de la basílica.



Tras varias exitosas expediciones, se ordena la evacuación de San Francisco el Grande (el mayor almacén de arte en ese momento), ante la posibilidad de que el ejército franquista pudiera tener acceso al templo. Se acelera entonces el proceso de traslado de una forma frenética.



Un rumor, que manifestaba el aparente deseo del gobierno republicano de donar temporalmente algunas obras al museo del Louvre, hizo que el gobierno británico denunciara la falta de transparencia del español. Se invitó a un delegado británico a España para que pudiera desmentirlo.



En Valencia, Sir Frederic Kenyon quiso comprobar que el contenido de las cajas se correspondía con las etiquetas y solicitó que desembalaran algunas. Entre ellas la que contenía Las meninas. Tras confirmarlo Kenyon quiso inmortalizar el momento. La imagen se publicó en The Times.



El avance de las tropas sublevadas hacia el Levante amenazaba con dejar la zona republicana dividida y el Gobierno se traslada a Barcelona. Las obras, de nuevo, se llevan a lugares seguros. Se eligió el castillo de Figueras y el de La Peralada, donde recalarían Las meninas.



Un curioso personaje llamado Josep María Sert, pintor que había trabajado como colaborador del régimen franquista en el extranjero, consiguió convencer a un gobierno republicano en ciernes que el destino más conveniente era la sede de la Sociedad de Naciones en Ginebra.



De nuevo las obras sufren un precipitado y arriesgado traslado. Mientras muchos españoles intentan abandonar el país, el tesoro del Prado consigue cruzar la frontera. Cuando llega a su destino, acompañado por una delegación de la Junta del Tesoro, toda la misión peligra.



Con el reconocimiento del gobierno de Franco por parte del gobierno suizo la Junta de Defensa del Tesoro Artístico presidida por Timoteo Pérez (representante republicano que está allí presente) deja de tener autoridad y competencias al respecto. El futuro del tesoro es incierto.



Finalmente, se consigue pactar la entrega en el destino acordado, aunque tras la derrota del bando republicano es el régimen franquista el que ultima los detalles de una exposición con las joyas pictóricas del Prado en el Museo de Arte de Ginebra.



El 01/09/1939, antes de que finalice la exposición, Alemania invade Polonia. Comienza la II Guerra Mundial y el traslado a España se complica. Las obras, cuya salida del país se vio forzada por una guerra, tuvieron que enfrentarse con la amenaza de otra guerra mayor a su regreso.



El tren viajó con las luces apagadas para evitar ser blanco fácil de los bombardeos. Varias obras estuvieron a punto de terminar destrozadas, ya que excedían la altura de algunos túneles por los que tenían que pasar. Un ferroviario suizo se percató y pudieron evitar el desastre.



Su llegada a Madrid fue interpretada por el régimen franquista como una nueva victoria, aunque su único mérito fue conseguir el retorno desde Suiza. El resto fue gracias a todos los que supieron apreciar ese tesoro de un valor incalculable, incluso llegando a dar su vida por él.